Kado, el camino de las flores

Kado es una forma más de meditar, de descubrir la belleza interior de cada uno y contar nuestra verdad. Nuestros ojos pueden ver detrás de lo visible y nuestros dedos ven al tocar; el cuerpo puede mantener esa postura digna que le hace sentir que también tiene su lugar y nuestra  percepción nos ofrece una nueva perspectiva, la de apreciar el mundo. 

Kado significa poner el corazón en nuestros dedos, en nuestros ojos y tocar el espacio de otros corazones con suavidad y respeto, una elegante manera de acercarnos a las cosas, una apertura o un florecimiento y en definitiva una metáfora de vida. Significa disciplina y también devoción y ritual.

Es real, tangible. Las flores y las ramas no le dejaban al intelecto ninguna posibilidad de manipulación. Se ofrecen desde su esencia única y nos muestran que se puede ser lo que se es sin pretensiones. Todo está presente, lo trascendente y lo cotidiano con la misma intensidad y lo único que podemos experimentar es nuestro asombro ante tanta belleza. Kado significa un paso más hacia uno mismo y el descubrimiento de algo que podemos tocar, la armonía. Nos permite entender que nuestra auténtica esencia es naturaleza y que simplemente observándola podemos comprenderla. Una técnica de flores que habla de tradición y de linaje, algo que se escapa a nuestra cultura tan lógica y nos dirige hacia un espacio donde la forma tiene su sentido. A través de las flores podemos dirigir nuestra expresión, conocer nuestros obstáculos y descubrir una nueva manera de relacionarnos con el mundo, la frescura de que no todo tiene que explicarse, que se puede simplemente observar y explorar en la naturaleza y comprender que no es exacta, que tiene sus defectos y sin embargo podemos trabajar con ellos. Kado es como una guía para regresar a lo esencial, a lo genuino. Nos enseña a observar, a descubrir como todo funciona por si mismo sin nuestra intervención, dejando a cada cosa expresar su propia esencia, a hacer de esa actitud una forma de vida y a disfrutar de la belleza que siempre está al alcance de la mano.

Juana Piney

 

Recientemente hemos celebrado en Shambhala Gran Canaria un curso de Kado impartido por Juana Piney. Algunos de los participantes que allí estuvieron y disfrutaron de esta maravillosa experiencia, han querido compartir y hacer llegar su sentir a través de este medio.

Siempre me he sentido muy conectada a la naturaleza pero nunca había sentido la conexión que sentí este fin de semana con mi primer curso de kado .Meditar con flores ha sido tan mágico y especial que creo que me he quedado enganchada para siempre. Las flores me dejaron contar a través de ellas mis sentimientos, mis miedo y desequilibrios .Ellas a su vez, me transmitieron belleza ,olores y armonía. En esos instantes el movimiento se calmó, se ralentizó mi mente, no existía nada alrededor sólo ellas y yo. Los miedos y ansiedades se calmaron sólo vida y amor. Sentí tanto, toqué tanto. Ellas me volvían a ayudar a soltar una y otra vez ,en cada corte en cada decisión me ayudaron a ser verdadera, sin mentiras ni prejuicios a mostrarme como soy, a sentir compasión y respeto. Por instantes, me sentí completamente libre, como flores en el campo tocada por el sol y mecida por el viento. Gracias.

María Soledad  Hernanz

 

Como si de una escultora se tratase, que a partir de un trozo de madera esculpe hasta conseguir su obra de arte, así, de igual forma, aunque partiendo del espacio vacío y transformando éste por medio de la meditada colocación de las flores, la instructora y profesora Juana Piney, de la Escuela Kado Shambhala Rigden Ikebana de Madrid, nos transfirió de forma magistral este fin de semana pasado en Shambhala Gran Canaria, una maravillosa tradición oriental que data de unos dos mil quinientos años atrás, el Kado.

Con su característico toque de humor y de buen hacer, Juana Piney nos fué mostrando en este curso sobre “Ecología a través de las Artes Contemplativas”, cómo transformar el espacio en un lugar dónde la magia y la belleza se hacen posible, a través de la adecuada relación con todo lo que nos rodea en la naturaleza: el cielo, la tierra y la humanidad. Una bella danza de colores y formas se nos va dilucidando al ir colocando las flores en el espacio, con el aprecio hacia la naturaleza tal como es, y siempre respetando unas determinadas pautas de esta técnica ancestral. Con esta artística acción nos vamos sumiendo en la contemplación, en la meditación, en el conectar con el momento presente y con la naturaleza que somos, y lo más sorprendente, con el Ser que realmente somos.

Juana Piney nos habló de ecología, de cambiar la manera de habitar el planeta, de la meditación, del camino de vida, de la impermanencia, de tantas cosas útiles e interesantes que no me queda más que, en nombre de todas las asistentes, darle las gracias por todo lo aportado, y agradecer también a Shambhala Gran Canaria por habernos ofrecido esta oportunidad.

Fabiola Melián

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