Cómo estar en una sala de meditación budista.

Las salas de meditación budistas pueden resultar extrañas y parecer que imponen una religiosidad. Sin embargo, el diseño de una sala de meditación budista no es algo religioso en el sentido habitual. Se trata más bien de crear un simbolismo que conduzca a una profundización de la compresión de la mente. No se trata de creencias, sino de comunicación y ambiente.

 

Transmisión

Las salas desarrollan diferentes ambientes y tonos de sensaciones en función de lo que ocurre en ellas. Una sala de meditación budista está especialmente diseñada para transmitir una sensación de despertar en aquellos que entran. La palabra “buda” de hecho significa “despierto”. En el budismo hay muchos budas, incluido tú mismo… si eres capaz de ver tu esencia.

En la tradición del budismo Shambhala, los sentidos se consideran una fuente potencial del despertar, y por eso prestamos mucha atención al orden en que se colocan las cosas, a los cojines, los estandartes, el sentido del espacio, etc. Además, los practicantes que meditan ahí realzan la cualidad de la transmisión de la sala porque dejan trazas atmosféricas sutiles de lo que han estado haciendo.

Actitud

Algo que cabe destacar sobre la meditación budista es que no va dirigida a provocar felicidad, paz, o ausencia de pensamientos. Eso sucederá con el tiempo, pero no se consigue presionando a la mente hacia un estado preconcebido. Lo que aprendemos es a estar con nuestra propia mente sin juzgarla. Eso le proporciona el espacio para que se asiente de un modo natural. Al tomar esta actitud aprendemos a hacernos amigos de nuestra mente, y eso es lo que permite que los pensamientos se desaceleren.

La técnica es sencilla y elemental: se utilizan puntos de referencia corrientes como la respiración y el caminar. De ese modo, la mente puede empezar a descansar de forma natural en el presente, permitiéndonos estar más despiertos, vivos, espaciosos y conscientes. Así podemos desarrollar un entendimiento de lo que es en realidad la mente. Este enfoque se llama prestar atención y darse cuenta. No importa la disciplina que uno practique en la sala de meditación; siempre y cuando lo hagamos con esa actitud de prestar atención y darse cuenta sin juzgar, entonces nuestra actividad estará en sincronía con el resto del espacio.

Sentir el espacio

Una de las maneras de apreciar y apoyar el ambiente de una sala de meditación es simplemente ser consciente de ella. Sugerimos que las personas que vayan a hacer actividades en la sala de meditación empiecen tomándose unos minutos para sentir el espacio. Otra manera de apoyar el ambiente de la sala de meditación es inclinarse ligeramente al salir o al entrar. Esto no es algo particularmente religioso, es solo un reconocimiento al espacio y al mismo tiempo a la propia mente. Inclinarse es opcional, pero tal vez descubras que detenerte a inclinarte ayuda a tu atención.

Con frecuencia damos clase en círculo. Sin embargo, teniendo en cuenta que el altar es un símbolo del darse cuenta, si todo el mundo va a estar mirando hacia una misma dirección, generalmente escogemos mirar hacia él.

Sacralidad cotidiana

Consideramos los altares sagrados. Sin embargo, “sacralidad” tiene aquí un significado diferente al que tal vez imagines. En algunas tradiciones, las cosas son sagradas porque tienen una relación con una deidad externa. En el budismo se dice que todos los aspectos de la experiencia son sagrados, o básicamente buenos, frescos y puros en el ahora. La mayor parte del tiempo no experimentamos el mundo como sagrado o primordialmente bueno. Los altares son un recordatorio de esa posibilidad.

No podemos experimentar la auténtica sacralidad conceptualmente. Pero podemos evocar esa posibilidad. Los símbolos pueden ser una alerta de las experiencias que surgen de forma espontánea procedentes de un nivel que va más allá del pensamiento.

El simbolismo del altar

La imagen central es el Rígden, que representa la cualidad del potencial despierto en todos nosotros. La idea que hay detrás de esta representación es que si pudiéramos mirarnos en un espejo y ver nuestra esencia, veríamos lo mismo que está simbolizado en el Rígden. Hay muchos tipos de budas en el budismo. El Rígden en particular simboliza que bajo las tensiones de nuestra vida en sociedad existe una conexión básica y profunda que, en su forma pura, se descubre como empatía e inteligencia despierta.

Además del Rígden también están las fotos de los maestros principales de nuestro linaje: Trungpa Rimpoché a la izquierda y el Sákyong Mipham Rimpoché a la derecha. Ellos son ejemplos humanos recientes de personas que han encarnado esa visión.

Encima del altar hay un texto envuelto en brocado. Representa la experiencia acumulada y las enseñanzas de las personas que fueron inspiradas por el ejemplo del buda histórico sobre cómo descubrir la naturaleza de la mente. La bola de cristal es un símbolo visual de esa mente: como ella, es clara y transparente, pero refleja el mundo que la rodea. Las velas representan la inteligencia inherente y el entendimiento que ilumina la realidad. Los cuencos de agua representan ofrenda, generosidad y apertura.

Tratamos los altares con mucho respeto porque encarnan nuestra intención de abrirnos a la posibilidad de lo sagrado. Como representan a un linaje en particular, solo ciertas cosas se colocan en ellos y tienen una ubicación muy precisa.

El altar negro de la esquina del fondo de la sala de meditación es para el principio protector. En la práctica de los protectores invitamos al mundo para que nos dé “feedback” que nos ayude en el camino. Esto sucede a través de la apreciación de las coincidencias cotidianas. Hay una idea de ira asociada a este altar en particular, porque el mundo es capaz de dar un “feedback” muy directo cuando no lo respetamos.

La silla situada a la izquierda del altar principal es el sitio que reservamos para el maestro principal de nuestro linaje, el Sákyong Mipham Rimpoché. En el budismo, la conexión de humano a humano es más importante para la transmisión del espíritu de la iluminación que lo que estás escrito en los libros. Necesitamos saber que cada generación puede llegar a la realización de un modo fresco. Si seres humanos actuales pueden hacerlo, entonces nosotros también.

Los estandartes muestran el camino

El estandarte naranja del tigre describe el trabajo del meditador principiante. El tigre camina despacio y con atención plena, y tiene un tremendo poder por el mero hecho de estar presente.

El estandarte blanco del león de las nieves simboliza la disciplina en forma de gozo: salta de un pico a otro disfrutando del aire fresco de la montaña. En esta etapa hemos integrado automáticamente la disciplina y la atención en nuestra vida porque eso la hace más alegre.

En el estandarte rojo aparece un garuda. Esta ave mitológica vuela por el amplio espacio de la mente preconceptual. Esta mente es tan ilimitada que podemos acomodar en ella toda experiencia, incluidos los pensamientos sobre uno mismo y los demás.

El dragón no tiene que crear atención meditativa. Está ahí todo el tiempo, día y noche. El dragón está en completa armonía con los elementos naturales. Puede jugar en el mundo de los pensamientos o en la vasta mente que hay más allá, lo que se sea más beneficioso para cada situación en concreto.

 

© Nelson Shambhala Center. Publicado con permiso del propietario de los derechos.

Publicado inicialmente en:  https://nelson.shambhala.org/files/2017/10/How-to-Be-in-Buddhist-Shrine-Room-2017.pdf

Traducido del inglés por el Comité de Traducciones Nalanda.

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